Chimamanda Ngozi Adichie: claves para ser feministas

  • Mariana de Dios Herrero Universidad Nacional de La Pampa, La Pampa, Argentina.

Resumen

Todos deberíamos ser feministas


Ngozi Adichie, Chimamanda*. (2015). Buenos Aires, Argentina: Literatura Rondom House.


ISBN 978-987-3987-28-1. (64 páginas).

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Biografía del Autor

Mariana de Dios Herrero, Universidad Nacional de La Pampa, La Pampa, Argentina.

Magister en Filosofía Práctica Contemporánea (Uiversidad Nacional de Mar del Plata). Profesora de Ciencias de la Educación (UNLPam). Profesora en UNLPam: Prof. adjunta en Elementos de la Investigación Social y Educativa. Prof. auxiliar en Política y Legislación Escolar; y en Pedagogía. Investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de la mujer (UNLPam). Publicaciones: “El trabajo de las empleadas domésticas” en Mujeres de La Pampa. ciudadanía, identidad y estrategias de vida. María Herminia Di Liscia (coordinadora). “La maternidad y la ley de ligadura tubaria. Tensiones en su implementación en La Pampa. Argentina”, en La manzana de la discordia. Vol. 9. N° 2. Centro de Estudios de Género, Mujer y Sociedad. Universidad del Valle. Colombia. 2014. “Notas en torno a la implementación de la Educación Sexual Integral en escuelas secundarias de La Pampa”. en América Latina: movimientos intelectuales, manifiestos y proclamas Clara Alicia Jalif de Bertranou (compiladora). Mendoza: Universidad Nacional de Cuyo, 2016. Correo electrónico: marianaddh@hotmail.com.

Citas

Ngozi Adichie, Chimamanda. (2015). Todos deberíamos ser feministas. Buenos Aires: Literatura Rondom House.
Publicado
2018-02-28
Como citar
DE DIOS HERRERO, Mariana. Chimamanda Ngozi Adichie: claves para ser feministas. La Manzana de la Discordia, [S.l.], v. 12, n. 2, p. 107-109, feb. 2018. ISSN 2500-6738. Disponible en: <http://manzanadiscordia.univalle.edu.co/index.php/la_manzana_de_la_discordia/article/view/6235>. Fecha de acceso: 20 abr. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/lamanzanadeladiscordia.v12i2.6235.
Sección
Reseñas

Palabras clave

Feminismo, Feministas, Género, Educación

Carátula del libro “Todos deberíamos ser feministas” de Chimamanda Ngozi Adichie.

Imagen I: Carátula del libro “Todos deberíamos ser feministas” de Chimamanda Ngozi Adichie.

Chimamanda Ngozi Adichie, nació en 1977 en Nigeria, realizó estudios universitarios en Estados Unidos; actualmente su vida transcurre entre estos dos lugares del mundo y es considerada una escritora de renombre; ha publicado cuatro novelas elogiadas por la crítica literaria y algunas de ellas han sido premiadas.

Todos deberíamos ser feministas, es la versión impresa de una conferencia que dio en 2013 en TEDxEuston, África. Este breve texto de sesenta y cuatro páginas presenta una defensa del feminismo, desde un lenguaje sencillo, despojado del halo teórico, pero sin perder textura y consistencia.

Algunos de los significados asociados a las “feministas” como, por ejemplo: “Las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar marido”, u “odian a los hombres”, entre otros, son expuestos al comienzo del escrito, en un tono sarcástico para poner en discusión la connotación negativa del término.

La fuerza del libro se la otorga su voz, en primera persona y sin adornos lingüísticos. Resulta ser un texto potente, con una narrativa colorida de vivencias propias. Si bien la descripción de esa experiencia, teñida por el machismo, pertenece a una mujer negra africana, no suena tan distinta a la nuestra o a la de cualquier mujer. La empatía que genera es inmediata.

El discurso, funciona en dos sentidos, como revelación y como rebeldía hacia esta sociedad patriarcal. En uno, deja al descubierto aquellos hilos sutiles del patriarcado que obraron en nuestra historia, a través de la educación en el ámbito familiar y escolar; y en otro, esboza una invitación a la lucha por la igualdad de hombres y mujeres, sin diferencias y por un beneficio común.

El primer tópico que devela, a través de una anécdota de su infancia, es el “poder”. Cuenta que ella aspiraba a ser monitor de su clase - rol que consistía en acompañar a la profesora en el control del grupo - el requisito era obtener la mejor nota, ella lo logró, pero…el puesto podía ocuparlo sólo un varón. Ngozi Adichie (2016) señala que: “[…] Para mi sorpresa la profesora dijo que el monitor tenía que ser un chico. Se le había pasado por alto aclararlo antes, había dado por sentado que era obvio […] hacemos una cosa una y otra vez, acaba siendo normal” (p. 18). Esta desigualdad, extrapolada a la vida adulta, nos permite entender por qué los cargos de mayor jerarquía son ejercidos más por hombres, que por mujeres. Y los sueldos también se diferencian, los hombres ganan más. Afirma la autora: “La situación actual en materia de género es muy injusta” (p. 27).

En las páginas siguientes, el foco está puesto en la “crianza”, proceso de enseñanza que comienza en el seno de la familia, en el cual, se transmiten las expectativas de género. Lo que se les enseña a las niñas es diferente a lo que se enseña a los niños, no obstante, puede ser igual de pernicioso.

Hay un modo de ser femenino y masculino aprendido, a las niñas les enseñamos a “caer bien”, a “gustar”, pero a los niños no. Igualmente los varones no quedan exentos de los perjuicios de la “masculinidad”. Observa Ngozi Adichie (2016): “Enseñamos a los niños a tener miedo al miedo, a la debilidad y a la vulnerabilidad, les enseñamos a ocultar quienes son realmente porque tienen que ser hombres duros” (p. 33). De la misma forma que se vincula la masculinidad al dinero o a lo material, la femineidad es supeditada al matrimonio, se pregunta la autora “¿Por qué enseñamos a las niñas a aspirar al matrimonio y a los niños no?” (p. 36). Y añade: “Nuestra sociedad enseña a las mujeres solteras de cierta edad a considerar su soltería un profundo fracaso personal. En cambio, un hombre de cierta edad que no se ha casado es porque todavía no ha elegido” (p. 37).

En lo que respecta a la sexualidad, a las chicas se las elogia por la virginidad, a los chicos no, mientras que los hombres pueden actuar por el impulso del deseo, las mujeres no, y además se las culpabiliza de provocar al hombre.

También en la ejecución de las tareas “domésticas” y del “cuidado”, aparece la diferenciación. Consideradas propias de la mujer, como una responsabilidad inherente a su condición femenina, son asumidas por las mujeres desde pequeñas, el hombre también ha aprendido que es la mujer quien las realiza.

El hogar es el lugar que conserva y reproduce el machismo con más fuerza y donde la mujer sigue oprimida. Y en alguna medida, las mismas mujeres, atravesadas por el convencimiento del “deber ser”, se vuelven cómplices de su propia sumisión. Usar el término “ayuda” para describir la participación de los hombres en la tarea del cuidado de los hijos e hijas es un ejemplo.

Sus argumentos tejidos en la simpleza de un lenguaje familiar transparentan las diferencias de género presentes en nuestros escenarios cotidianos. Ahora bien, ¿Qué sucedería si educáramos de otra forma, con otras ideas, otorgando otros sentidos y significados a las cosas, a las situaciones, con otras expectativas?

Entre estas líneas aparece la invitación al cambio, a volvernos protagonistas de nuestras narrativas vitales, a interrumpir aquello que de generación en generación repetimos. La autora expresa con firmeza:

El género importa en el mundo entero. Y hoy me gustaría pedir que empecemos a soñar con un plan para un mundo distinto. Un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres, más felices y más honestos consigo mismos. Y esta es la forma de empezar tenemos que criar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos (Ngozi Adichie, 2016, p. 32).

Hablar de género es “incómodo”, señala y “hasta irrita”, no obstante, la lectura de este manifiesto lo sitúa en el centro de la mirada y nos obliga a pensar desde esa perspectiva. En este sentido, cierra el final del escrito con su propia definición de feminismo:

La definición que doy yo es que todo aquel hombre o mujer que dice: sí hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que mejorarlas entre todos hombres y mujeres (Ngozi Adichie, 2016, p. 55).

La propuesta de una educación que vaya más allá de las expectativas de género y hasta a contrapelo de los roles aprendidos, es el mensaje de Adichie, en su ensayo. Considero que por todo lo que dice y más aún por lo que despierta, resulta recomendable como una lectura imprescindible para profesores y estudiantes. En Suecia, se ha incorporado a las escuelas secundarias.

Deberíamos hacer lo mismo en otros países. Por ejemplo, en Argentina sería muy provechoso, pues desde hace diez años y aun habiendo una ley que lo dispone, se hace muy difícil instalar en las escuelas, temas vinculados a la sexualidad desde la perspectiva de género.

Referencias bibliográficas

  1. (). . . Buenos Aires: Literatura Rondom House. .
Escritora, novelista y dramaturga feminista nigeriana, nació el 15 de septiembre de 1977 en la aldea de Abba. Estudió en Estados Unidos Comunicación y Ciencias Políticas en la Universidad de Drexel, Filadelfia. Continuó sus estudios en la Universidad Estatal del Este de Connecticut, graduándose en 2001. También estudió escritura creativa en la Universidad John Hopkins de Baltimore y obtuvo un máster de estudios africanos en la Universidad de Yale. En 2003, publicó su primera novela, La flor púrpura (Purple Hibiscus), y recibió el Commonwealth Writers' Prize for Best First Book en 2005. En 2006, su segunda novela, Medio sol amarillo (Half of a Yellow Sun) logró en 2007, el galardón Orange Prize for Fiction. En 2009 publicó una colección de relatos breves: The Thing Around Your Neck. En 2013 Americanah, mereció el Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro. Todos deberíamos ser feministas (We Should All Be Feminist) es su primer ensayo.