Significados del lugar/espacio, comunidad y empoderamiento desde una perspectiva de género

Experiencias de mujeres afrocolombianas desplazadas del Pacífico colombiano

  • Alejandra Ramírez Bermeo International Institute of Social Studies, Erasmus University Rotterdam, Róterdam, Países Bajos

Resumen

Este documento trata de los significados del lugar, los procesos de desplazamiento, la construcción de la comunidad y las luchas por el empoderamiento narradas por cinco mujeres afrocolombianas lideresas comunitarias en Cali, Colombia. La sección Reforma rural integral del acuerdo de paz firmado por el gobierno colombiano y las FARC-EP define el ‘lugar’ como un activo económico que lo restringe a su significado físico en contraste con las definiciones dadas por las mujeres quienes le añaden significados simbólicos y sociales.


Tres preguntas de investigación guían este artículo: ¿Cuáles son los significados sociales y simbólicos dados por las cinco mujeres desplazadas afrocolombianas a los lugares que han habitado? ¿Cómo narran las mujeres su pertenencia a los diferentes lugares y comunidades, y sus luchas por establecer una nueva vida después del desplazamiento? ¿Cómo se integran el género y la etnia / raza en estas narraciones?


A partir de la observación participante, entrevistas en profundidad y un análisis temático, fue posible demostrar cómo a través de luchas políticas individuales y colectivas, estas mujeres construyen sus roles dentro de las nuevas comunidades en Cali siguiendo o desafiando patrones de identidad de género. Lo que les permite crear un lugar para sí mismas, a través de intersecciones de género, raza/etnia, edad y familia, así como a través de la pérdida y la lucha.

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Biografía del Autor

Alejandra Ramírez Bermeo, International Institute of Social Studies, Erasmus University Rotterdam, Róterdam, Países Bajos

Comunicadora social y periodista de la Universidad del Valle, Cali, Colombia. Magister Estudios del Desarrollo-Derechos Humanos, Género y Estudios del Conflicto: Perspectivas de Justicia Social del International Institute of Social Studies, Erasmus University Rotterdam, Róterdam, Países Bajos. Correo electrónico: alejandra_rb@outlook.com.

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Fuentes primarias

Entrevista a Elena Hinestroza Venté, representante legal de Integración Pacífica y miembro de la Casa Cultual El Chontaduro, 2016.

Entrevista a Francelina Carabalí Torres, representante legal ASIMUCAHO y miembro de la Escuela “Ser quien Soy”, 2016.

Entrevista a Erlendy Cuero Bravo, representante legal de AFRODES Cali, 2016.

Entrevista a Eloísa Montaño Guerrero, miembro del Comité Afro de la Comuna 10 y dueña de Escencia Negra (confecciones), 2016.

Entrevista a Elssy Mancilla Paz, miembro de la Asociación de Artesanos y dueña de Afrotejidos (accesorios y marroquinería), 2016.
Publicado
2018-07-30
Como citar
RAMÍREZ BERMEO, Alejandra. Significados del lugar/espacio, comunidad y empoderamiento desde una perspectiva de género. La Manzana de la Discordia, [S.l.], v. 13, n. 2, p. 41-58, jul. 2018. ISSN 2500-6738. Disponible en: <http://manzanadiscordia.univalle.edu.co/index.php/la_manzana_de_la_discordia/article/view/6626>. Fecha de acceso: 26 mar. 2019 doi: https://doi.org/10.25100/lamanzanadeladiscordia.v13i2.6626.
Sección
Artículos

Palabras clave

Lugar, espacio, comunidad, empoderamiento, afrocolombianas, desplazamiento

Introducción

Estas líneas parten de un contexto posterior a la firma del acuerdo de paz, por parte del gobierno colombiano y las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo) que tuvo lugar el 24 de noviembre de 2016. Las inquietudes por las que surge este artículo nacen tomando como referencia el capítulo Reforma rural integral y el capítulo Víctimas del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. En el capítulo Reforma rural integral, el gobierno colombiano y las FARC-EP comparten la intención de revertir las consecuencias del conflicto armado, a fin de devolver a las víctimas del desplazamiento forzado y las comunidades sus propiedades legítimas y el retorno voluntario a la tierra (territorios rurales) de donde salieron (Presidencia de la República, 2016, p. 17). Al respecto, el capítulo sobre Víctimas considera que “la aplicación de la política de restitución de tierras obedecerá, entre otros, a los criterios técnicos de densidad histórica del despojo y las condiciones para el retorno” (p. 184). Las personas que se beneficiarían con este proceso de restitución de tierras tendrían apoyo técnico y financiero para la reconstrucción de sus proyectos de vida y para la generación de ingresos.

La propuesta de la reforma rural integral implica que para el gobierno y las FARC-EP, la tierra y el lugar/espacio desde el cual las personas se desplazaron tiene connotaciones físicas y geográficas, como tierras que pueden utilizarse para actividades económicas como la agricultura. Tal comprensión no tiene en cuenta los significados sociales y simbólicos del lugar y la tierra. Para las cinco mujeres afrocolombianas desplazadas, lideresas de la costa del Pacífico colombiano que viven en Cali y que participaron en esta investigación, los significados físicos, simbólicos y sociales del lugar/espacio se entrelazan. Por lo tanto, el lugar/espacio que reclaman como resultado del acuerdo de paz no es necesariamente en las áreas rurales que dejaron.

Estas cinco mujeres encarnan intersecciones de raza/etnia y género con una posición de liderazgo en las comunidades de las que son integrantes. Han compartido ejercicios colectivos de desplazamiento, asentamiento y empoderamiento con sus comunidades, ofreciendo perspectivas específicas sobre el significado del lugar, la comunidad y el empoderamiento. El desplazamiento - y especialmente uno causado por un conflicto violento - se ve a menudo a través del prisma de la victimización en la literatura, en escenarios políticos e intervenciones. Sin embargo, aunque este artículo2 no niega las realidades de la victimización por violencia y desplazamiento, la atención se centra en cómo las mujeres reconstruyen sus vidas y se convierten en lideresas en sus nuevas comunidades, mientras continúan relacionándose con los lugares y comunidades que se han visto obligadas a abandonar. Esto significa que las mujeres participantes en este ejercicio quieren “usar [su] capacidad de una manera u otra, ser un agente más que un ser pasivo, una víctima [...] [ellas] tratarán de influir en el curso de los acontecimientos como sea posible, en lugar de sentarse y sufrir cambios”3 (Eduards, 1994, citado en Kaufman y Williams, 2010, p. 64).

Contexto

La región del Pacífico colombiano es una zona conocida por su alta diversidad ecológica y biológica, su riqueza de recursos naturales y su población, en su mayoría indígenas y afrodescendientes. La baja movilidad social, el aislamiento geográfico y la debilidad institucional hacen que existan altas tasas de pobreza, calidad de vida por debajo del promedio nacional y dependencia en políticas y economías extractivas (Acemoglu y Robinson, 2012, citados en Galvis, Moyano y Alba, 2016). Estas prácticas de extracción a veces chocan con la cosmovisión de las comunidades de base que habitan la región y cuya relación con su territorio4 tiene significados simbólicos y sociales.

Estas condiciones alimentadas por la ausencia del Estado han facilitado la presencia de grupos armados ilegales (especialmente en áreas rurales) ya sean guerrilleros, paramilitares o narcotraficantes desde finales del siglo XX. En consecuencia, la población se ha visto obligada a ceder territorios a los grupos ilegales. Las personas han sido desplazadas violentamente de las zonas rurales (generalmente) a ciudades en las que el nuevo lugar, los nuevos contextos y relaciones sociales crean nuevas dinámicas.

Una vez en Cali, las personas que son desplazadas enfrentan una serie de desafíos y perspectivas variadas, que según Bjarnesen y Vigh (2016) “pueden dar lugar a nuevas oportunidades para el empoderamiento o la liberación de las jerarquías sociales represivas” (p. 12)5. Este proceso de liberación podría traer el desarrollo de apegos socioafectivos específicos al nuevo lugar, así como a los antiguos, que podrían conducir a la creación de diferentes lazos comunitarios y podrían desencadenar una reconstrucción del yo, necesaria en el nuevo contexto. Por otro lado, los desafíos al desplazarse a una ciudad como Cali, específicamente a las comunas 10, 11, 13, 14, 15 y 21 (donde las mujeres viven o tienen incidencia), puede resultar en otra forma de vivir la violencia, representada en la presencia de pandillas urbanas y altos índices de homicidios.

Mi propósito es explorar los significados tanto de los lugares rurales de donde fueron expulsadas las mujeres (también llamados territorios) como de los barrios de Cali donde se asentaron.

Historias en tiempos de postguerra: ser mujer, negra y desplazada

Chandra Talpade (1991) ha señalado que:

[…] la imagen de las mujeres como homogénea y victimizada fue producto de la ‘Mujer del Tercer Mundo’ como una categoría frágil en un marco discursivo en el que el ‘feminismo occidental’ podría ser visto como el único lado de la agencia y la feminidad crítica6 (citada en Peake y Trotz, 1999, p. 2).

Para vencer estos marcos de victimización en los que las imágenes de las mujeres se han esencializado, y con el propósito de capturar la complejidad de sus subjetividades, así como sus diversas experiencias, durante el desarrollo del estudio se prestó especial atención al empoderamiento y la autorrealización después del desplazamiento.

Elena Hinestroza Venté, Francelina Carabalí Torres, Erlendy Cuero Bravo, Eloísa Montaño Guerrero y Elsy Johana Mancilla Paz provienen de entornos rurales, y ahora viven en Cali. Pertenecen a organizaciones no gubernamentales en las que desempeñan un papel activo como lideresas, y sus voces representan a las mujeres desplazadas afrocolombianas de la región del Pacífico. Ellas son mujeres de influencia. No solicitan la restitución de tierras en las áreas rurales y no planean regresar a las regiones de donde provienen. En cambio, reclaman lugares físicos, simbólicos y sociales en Cali, a pesar de que los lugares de donde vinieron todavía les importan.

Para algunas mujeres convertirse en lideresa es una elección consciente. Para otras, la decisión de convertirse en una lideresa se trata más de “líneas de conexión superpuestas que puntos de partida paralelos”7 (Drummond, 1980, citado en Peake y Trotz, 1999, p. 93). Así, las dimensiones interactivas de la desigualdad “pueden fortalecerse mutuamente o debilitarse mutuamente”8 (Crenshaw, 1989, citada en Winker y Degele, 2011, p. 51) dando forma a las experiencias de las mujeres y sus narrativas. Esta investigación se centra en el género y la raza/etnia como elementos de afiliación de identidad, símbolos culturales y estructuras sociales, y los rastrea en las narrativas de las mujeres sobre los lugares que dejaron y en las que viven ahora (Winker y Degele, 2011).

El género y la etnicidad no son solo identidades: son estructuras de poder que crean una ubicación social específica para las mujeres afrocolombianas como minorías sociales. Pero otras relaciones sociales de poder también son importantes para sus experiencias. Como ya se dijo, su origen rural se cruza con su experiencia de vida de maneras complejas. Por un lado, esta complejidad está ligada a la historia del conflicto en el que los territorios rurales han sido especialmente afectados por la violencia. Por otro lado, también está relacionado con los roles de género tradicionales que a menudo limitan las opciones de vida para las mujeres rurales. Esto es especialmente importante cuando se reflexiona sobre las decisiones de las mujeres de no abandonar sus nuevas vidas urbanas y regresar a las áreas rurales. La edad y el estado civil, así como las experiencias de matrimonio y familia son igualmente importantes. Todas esas relaciones de poder están implicadas en las elecciones de vida de las mujeres que entrevisté. Por lo tanto, no sorprende que las historias de sus experiencias y los significados que atribuyen a los lugares que dejaron y en los que viven ahora tienen muchas diferencias, así como similitudes.

Teniendo en cuenta las diferencias entre estas cinco mujeres, en términos de su proceso de desplazamiento, llegada y primer asentamiento, me gustaría analizar cómo se significa, produce, disputa y negocia el lugar/espacio y la comunidad en Cali, mientras que las intersecciones de etnia/raza y género generan un terreno común para el empoderamiento de las cinco mujeres.

Metodologías y métodos de análisis

Este proyecto se basó en entrevistas a profundidad y observación participante (siguiendo a Peretz, 2004) de cinco mujeres afrocolombianas desplazadas de la costa del Pacífico colombiano que viven en Cali y los significados que les dan a los lugares antiguos y nuevos de sus vidas.

Para diseñar los instrumentos de la investigación, las preguntas específicas y generales del proyecto fueron la guía. Considerando que el interés radicaba en identificar los significados que adjudican las mujeres al lugar/espacio desde sus discursos, decidí que la mejor forma de generar un diálogo era a través de las entrevistas a profundidad. En éstas, las mujeres se expresarían libremente desde sus experiencias, asumiendo una postura crítica respecto al capítulo de Reforma rural integral en el marco del acuerdo de paz.

Las entrevistas individuales fueron semiestructuradas y se dividieron en dos módulos, el primero se concentró en el pasado y el segundo se relacionó con sus experiencias en Cali. El método de una entrevista semiestructurada permitió “desarrollarse de manera coloquial, ofreciendo a [las] participantes la oportunidad de explorar temas que [consideraban importantes]” (Longhurst, 2003, p. 143). Formulé preguntas amplias que permitieron a las mujeres exponer la vida que llevaban antes del desplazamiento forzado en términos de participación comunitaria, esperanzas y expectativas, así como su vida en Cali.

Las preguntas propuestas, más que seguir un paso a paso riguroso, funcionaron como guías para el desarrollo de las conversaciones. Esto permitió ahondar en temas que las mujeres mencionaban y destacaban como importantes, sin que necesariamente estuvieran de antemano planteadas en las preguntas iniciales. Esta flexibilidad en los encuentros permitió que las participantes se sintieran en un entorno más ameno y facilitó la fluidez de las entrevistas. Por ello, el planteamiento metodológico, no atravesó ajustes de fondo.

Cada encuentro tuvo lugar en las casas de las mujeres, por lo cual pude relacionar lo que decían de su entorno con mi propia observación/experiencia. Igualmente se realizó con cada lideresa un ejercicio corto de mapeo, donde señalaron los lugares que más les significaban tanto en su lugar de origen, como en su contexto actual.

En la mayoría de los casos, a excepción del de Elsy, utilicé el método de observación participante asistiendo a las reuniones de las organizaciones de mujeres y sus grupos comunitarios. En esos espacios pude ver cómo negociaban su liderazgo en grupos variados por edad, género y etnia.

Análisis Narrativo

Ninguna de las mujeres contó sus historias usando una narrativa de victimización. Incluso cuando la pérdida y el dolor son elementos de estas narrativas, no se muestran desde la perspectiva de la victimización, sino como parte de experiencias que definen sus vidas y sus posiciones (Kaufman y Williams, 2010, p. 4).

En este estudio, se usó la investigación narrativa como “una forma de investigación centrada en casos” (Mishler, 1996, citada en Riessman, 2014, p. 4). Estos relatos “están localizados en tiempos y lugares específicos [donde] los ‘problemas personales’ que los participantes representan en sus narraciones [...] son obras de la historia tanto como lo son sobre los individuos, los espacios sociales en que habitan y las sociedades en las que viven”9 (Riessman, 2014, p. 4). Es así como los procesos históricos de conflicto armado, desplazamiento, construcción de comunidad y empoderamiento son experiencias incorporadas y son parte de las narrativas que aportan las cinco mujeres.

El análisis temático se utilizó para interpretar narraciones personales y para comprender cómo las mujeres construyen los significados de sus vidas en los lugares de los que vinieron y en el que están. Riessman (2014) señala que “los narradores pueden posicionarse como seres con agencia que asumen el control de eventos y acciones [...] pueden cambiar de posición, dándose un rol de agentes en ciertos escenarios y roles pasivos en otros”10(p. 11). Después de recopilar las historias de las mujeres, se procedió a agruparlos inductivamente “a partir de datos [donde] una topología de narrativas organizadas por tema es la estrategia representativa”11 (Riessman, 2005, p. 2). Este tipo de análisis contribuyó a “encontrar elementos temáticos comunes entre [las] participantes de la investigación y los eventos que informan”12 (p. 3).

Tres categorías de análisis surgieron de las entrevistas, en primer lugar, los significados del lugar/espacio asociados a experiencias de familia, naturaleza y violencia. En segundo lugar, los significados de comunidad no sólo en sus contextos inmediatos, también en términos de redes extendidas y finalmente los significados de empoderamiento no sólo en términos de liderazgo, también en el hecho de ser mujer que reconfigura los estereotipos de género. A su vez, estos conceptos se enmarcaron en tres narrativas desde las cuales las mujeres se expresaron: Recreando las tradiciones y el ser, Activismo y justicia, y Maternidad y oportunidades.

Lugares de investigación

El municipio de Cali tiene una división político-administrativa conformada por 22 comunas; cada comuna reúne barrios que comparten particularidades socioeconómicas y demográficas. En total, Cali tiene 249 vecindarios y el trabajo de campo que duró cuatro semanas se llevó a cabo principalmente en los barrios ubicados al este de la ciudad.

De acuerdo con la Encuesta de Calidad de Vida (2012) las “(comunas 7, 13, 14, 15 y 21) tienen la mayor proporción de población afrocolombiana con 48%, seguido por el conglomerado centro-este (comunas 8, 11, 12 y 16) con el 15% de la población que se identifica como afrodescendiente” (citada en Alcaldía de Santiago de Cali, 2015, p. 22). Como una demarcación socioeconómica, los barrios se clasifican en estratos del 1 al 6, siendo 1 el más bajo y reuniendo características socioeconómicas tales como deficiencia en los servicios públicos, problemas de seguridad y pobreza (Castillo, Escandón y Gonzales, 2012). Adicional a esto, el estrato más común en los barrios reunidos en la Comuna 10 y 11 es el 3; mientras que las Comunas 13, 14, 15 y 21 tienen los niveles más comunes 1 y 2 (Alonso, Arcos, Solano, Vera y Gallego, 2007).

Las entrevistas se llevaron a cabo en las casas de las mujeres, casas comunitarias y centros culturales donde se reúnen sus grupos y/u organizaciones. Esos lugares estaban ubicados en las comunas 10, 11, 13 y 21. Aunque la comuna 15 no era un sitio de investigación, se menciona como resultado de la entrevista con Erlendy como el lugar donde ella tiene más influencia. Un documento emitido por CODHES en 2011 afirma que los desplazados que llegaron a Cali “están ubicados en las comunas más vulnerables de la ciudad, estableciendo redes de parentesco con otras generaciones de migrantes que se había establecido en otros distritos de la ciudad” (citado en Observatorio Social de Cali, 2011, p. 22). Por lo tanto, teniendo en cuenta elementos de desplazamiento y afiliación étnica, es posible entender cómo Elena, Francelina, Eloísa, Erlendy y Elsy terminaron viviendo en esas áreas y encontrando en esas comunas sus espacios de influencia.

Las comunas donde viven las mujeres se caracterizan por la presencia de pandillas y altos índices de homicidios. Según el estudio13 realizado en el año 2014 por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Cali (OCHA), esto es especialmente relevante para las comunas 15 y 21 (clasificadas como estrato 1). Adicionalmente, de acuerdo con el Observatorio Social de Cali (2011) y siguiendo a Riaño-Alcalá (2002), el grado de riesgo en las comunas 13, 14 y 15 (donde Elena, Elsy y Erlendy viven y / o trabajan) sostiene las tasas más altas de homicidios en la ciudad. Las comunas 10 y 11 (donde Eloísa y Erlendy viven respectivamente), clasificadas en el estrato 3, son áreas donde las tasas de pandillas o homicidios no son tan altas. Ambas comunas están legalmente establecidas, mientras que las comunas 13, 14 y 15 son “barrios que se formaron principalmente por procesos de invasión y urbanizaciones ilegales, con una población de escasos recursos económicos provenientes de otros lugares de la ciudad y desplazados del campo” (Red de Salud del Oriente, 2011, p. 6).

Significados de lugar/espacio

Los discursos de las cinco mujeres se enmarcan en tres narrativas, Elena y Francelina hablan desde la recreación de sus tradiciones y su ‘ser’, las voces de Erlendy y Eloísa se entienden desde el activismo y la lucha por la justicia y Elsy se expresa desde la maternidad y la búsqueda de oportunidades.

Así es como Francelina y Eloísa perciben su vínculo con el antiguo territorio a través de sus identidades étnicas, de género y sus prácticas culturales. Estas identidades están arraigadas a una ubicación geográfica, pero también se han expresado a través de sus relaciones sociales y en sus prácticas culturales como el canto, la poesía y la narración de cuentos. Lo que estas prácticas contenían eran historias de sus vidas diarias, entornos y luchas, porque como dijo Elena, “la región del Pacífico siempre canta para contar una historia” (Elena Hinestroza, comunicación personal, 2016). Es así como las prácticas culturales de las dos mujeres no solo reflejan su territorio rural y urbano, sino que también son representaciones de sus luchas sociales basadas en el género y la etnia.

Los territorios que dejaron las dos mujeres no se ubican exclusivamente en el pasado, sino que se han llevado al presente a través de sus prácticas culturales; han derivado ciertas particularidades de estas para darles forma dentro de Cali. Entonces, el lugar para Elena y Francelina está hecho de elementos simbólicos como la nostalgia y los recuerdos, pero también es social a través del activismo y la construcción de la comunidad. En su narrativa, el lugar “significa tanto el sitio de subsistencia, el sitio de relaciones culturales, ancestrales y de parentesco, como el sitio de seguridad y afirmación y renovación” (Kothari, 2004, citado en Harcourt y Escobar, 2005, p. 115)14. Elena recreó su territorio creando su grupo musical Integración Pacífica y Francelina al ser integrante de la Escuela Ser Quien Soy15.

Cuando Elena y Francelina hablan de sus territorios pasados, estos emergen como lugares de contradicciones. Por un lado, los lugares que dejaron significan paz y armonía, y por otro representan diversas formas de violencia. En este sentido, Pilar Riaño-Alcalá (2002) señala que “los lugares están marcados por recuerdos de muerte, destrucción o lucha, ya que pueden ser perseguidos por imágenes de horror y destrucción, pero los recuerdos de rituales grupales, mitos locales o momentos colectivos de encuentro habitan estos lugares también”16 (p. 277). Esta contradicción también ocurre en su percepción de Cali. Por un lado, considerando que Elena vive en Los Lagos, un barrio que forma parte de la comuna 13 y que Francelina vive en el barrio Llanogrande, ubicado en la comuna 21, ambas zonas consideradas como escenarios de violencia urbana con presencia de pandillas y tráfico de drogas. Por el otro, Cali es percibida como una ciudad que les ofrece oportunidades de acceso a escenarios culturales e institucionales desde donde pueden obtener reconocimiento:

Santa María para mí significa resistencia, porque yo para vivir allá tuve que ser muy resistente. Cali para mi significa la re-existencia, porque yo debo re-existir con mis tradiciones donde sea (Elena Hinestroza, comunicación personal, 2016).

En el caso de Erlendy y Eloísa, sus narrativas de lugar/espacio se relacionan al activismo y la lucha por la justicia. Afirmando una identidad afrocolombiana, Eloísa y Erlendy como lideresas de base, abogan por los derechos y la asistencia de las víctimas, y reclaman lugares donde sus comunidades puedan prever nuevos proyectos de vida.

Cuando Erlendy y Eloísa hablan sobre sus antiguos territorios, lo hacen con una profunda nostalgia, traen recuerdos de su infancia, de sus tradiciones y del apoyo comunitario, pero también en términos de recuerdos de experiencias intensas vividas que fueron abarcadas por emociones e imágenes del conflicto. Las experiencias vividas en sus territorios son aquello que desencadenó sus acciones y dictó sus decisiones para continuar la lucha por la justicia en Cali. Por eso, para Erlendy y Eloísa, sus experiencias de desplazamiento y familiarización con Cali “(re) constituyen concepciones, encarnaciones y habitaciones del espacio”17 (Jansen y Löfving, 2007, p. 6).

Estas lideresas han desarrollado fuertes lazos dentro de los barrios o comunas donde la mayoría de la población es afrocolombiana y/o desplazada. Los barrios (ubicados en las comunas 10 y 15) donde las lideresas tienen influencia comparten no solo una población similar (afrocolombianos, de bajos ingresos y/o desplazados), también las características de lugares con bajos niveles socioeconómicos. Erlendy y Eloísa viven en barrios diferentes de aquellos en los que trabajan (en comunas 10 y 11 respectivamente) donde se sienten menos familiares, pero más seguras, argumentando que tienen “la preocupación de encontrar o establecerse en lugares seguros que puedan servir como bases para desarrollar un futuro”18 (Jansen y Löfving, 2007, p. 11).

Actualmente, en Cali, ambas lideresas están transformando los efectos iniciales que les causó la ciudad, para dibujar otra, donde “‘el hogar’ surge a través de historias políticas y sociales de inclusión y exclusión, y por lo tanto no solo se trata del lugar, sino también de las personas a través de las cuales uno se puede ‘sentir en casa’”19 (Jansen y Löfving, 2007, p. 6). Representar a su gente es una de las principales razones por las cuales Erlendy y Eloísa deciden participar. Por lo tanto, su lugar de lucha se encuentra principalmente en el presente en un contexto propicio que les permite unirse a las luchas comunitarias e institucionales. Esto refleja que “las mujeres están asociadas con el lugar, no porque estén basadas en el hogar o en su lugar, sino por su papel inaugural y continuo en la configuración de una nueva política”20 (Gibson y Graham, 2005, p. 131). A razón de lo anterior Eloísa afirma,

Cali siente que a nosotros nos está haciendo un favor, porque nosotros estamos aquí. Primero, porque nos tocó desarraigarnos de nuestro territorio, y segundo, porque aquí estamos, sí nos acoge, pero no sé (Eloísa Montaño, comunicación personal, 2016).

Por lo tanto, su influencia en otras áreas obedece a lo que Steinberg (S.f.) (citado en Staeheli, 1994) explica como una articulación de luchas que operan “dentro de los márgenes del poder social, en espacios donde el alcance de poderosos agentes y fuerzas es incompleto. Ya sea que estos espacios sean hogares, vecindarios, lugares de trabajo, comunidades o los límites entre ellos, los movimientos sociales son relativamente (pero solo relativamente) desinhibidos en los márgenes. Es en los márgenes que pueden trabajar para crear espacios de resistencia” 21(p. 390). Por lo anterior, la participación comunitaria de Erlendy y Eloísa asegura que están respondiendo a las inquietudes de la comunidad para que se planteen y, con suerte, se cumplan en contextos institucionales, donde ellas tienen voz.

Finalmente, Elsy que es la más joven del grupo (29 años en comparación con las demás mujeres que rondan los 50 años) es miembro de una organización y una fundación. Su papel en ambos lugares no es de incidencia, sino de participación deliberada. Sin embargo, ser una de los hermanos mayores de su familia la hace responsable de los/las más jóvenes al animarlos/animarlas a mejorar su calidad de vida a partir del estudio. En contraste con las otras cuatro mujeres, la experiencia de desplazamiento de Elsy es diferente, su papel en la ciudad es menos sobresaliente y su proyecto de vida está fuertemente relacionado con su familia.

Según Riaño-Alcalá (2002) “los recuerdos de terror se imprimen en algunos lugares, y los sentimientos de miedo han transformado radicalmente las relaciones de personas y lugares”22 (p. 299). Esto refleja por qué para Elsy el sentido del lugar se basa en el recuerdo de intensas experiencias de vida que fueron acompañadas por emociones e imágenes de eventos como su infancia rodeada de naturaleza y familia en El Charco (de donde es oriunda), la violencia doméstica y su aprendizaje de baile tradicional en Guapi (mientras vivía en la casa de su tía cuando completaba sus estudios secundarios), la lucha por superar sus traumas y el nacimiento de su único hijo en Cali. Para Elsy la experiencia de desplazamiento no constituye un punto de inflexión en su vida tanto como su periodo en Guapi y el nacimiento de su hijo.

Por lo anterior, para Elsy, Cali resulta un lugar para escapar de la violencia, encontrar oportunidades, reconstruir lazos familiares y renacer.

Cali me lo ha dado todo lo que en algún momento deseé y no tuve. Lo que mi tierra me negó. En El Charco nunca fui muy buena en nada, aquí soy muy buena en lo que hago y la gente me reconoce, habla de mí, entonces yo puedo decir que yo pertenezco a Cali, pero porque la gente quiere que yo pertenezca a Cali (Elsy Mancilla, comunicación personal, 2016).

Sin embargo, Elsy no se encuentra totalmente a salvo de la violencia en Ciudadela Invicali (comuna 14), el vecindario donde vive, ya que la presencia de pandillas, el narcotráfico, los asesinatos y el crimen común son altos. Esta situación no parece afectar su percepción de la seguridad, que empata con lo que Jansen y Löfving (2007) describen:

La seguridad denota un conjunto de reglas que una persona domina, la familiaridad ‘un espacio donde uno posee el máximo conocimiento espacial’ y la comunidad ‘un espacio donde uno posee un poder comunicativo máximo’. El ‘sentido de lo posible’ [define] ‘hogar’ como un refugio social y físico y le otorga oportunidades de cambio, mejora y lo inesperado, es decir, espacio para soñar e imaginar 23(p. 10).

Cali, que es el lugar común a todas, les ofrece una relativa libertad de movilidad debido al tamaño del área urbana, en contraste con la movilidad más restringida en los territorios rurales. Además, Cali les brinda la posibilidad de permanecer en el anonimato cuando sea necesario y la posibilidad de ampliar sus redes en términos de vínculos culturales o sociales. Estas son particularidades que muestran la relación entre lugar/espacio y comunidad. La violencia que enfrentan las mujeres en las áreas rurales está más relacionada con el control del territorio y los recursos por parte de los grupos armados ilegales. En la ciudad tampoco son completamente libres de moverse o estar a salvo de la violencia, ya que allí tienen que lidiar con el crimen relacionado con la presencia de pandillas y negocios de drogas, o segmentos de la guerrilla en zona urbana.

Las mujeres se mudaron de territorios que no eran seguros, a la ciudad donde se sienten más seguras, pero donde hay otras dinámicas de violencia y donde también hay más pobreza. Aunque Cali puede tener más posibilidades de salir de la pobreza, las mujeres no están exentas de luchar por aprovechar esas oportunidades - económicas, políticas, académicas - para lograr una vida mejor. Al respecto Staeheli (1994) dice que “las mujeres enfrentan las dificultades de traducir su esfuerzo en poder social que es necesario para extender su lucha en otros espacios y a otras escalas”24 (p. 390).

Si bien estar en la ciudad también significa que deben luchar por el reconocimiento de sus derechos y su identidad cultural, también es un lugar que permite a las mujeres recuperarse de sus experiencias traumáticas del conflicto armado. Además, el lugar que crean y en el que habitan en la ciudad está hecho de valores no materiales como el conocimiento, las tradiciones, la solidaridad, la sororidad y el reconocimiento.

Como ciudad, Cali es un lugar de pluralismo político y está en una constante transformación que se ancla en primer lugar en los barrios y las comunas a través del activismo de las mujeres donde se “rearticulan cuerpos y lugares; mientras vuelven a habitar sus cuerpos y luchan con y sobre lugares”25 (Harcourt y Escobar, 2005, p. 8), pero también con otros cuerpos que podrían compartir las mismas dificultades sociales. Para las mujeres, vivir en un vecindario donde puedan encontrar a otras personas les facilita la relación que construyen con la ciudad. Entonces “el espacio refleja y, a su vez, afecta la constitución de las relaciones sociales, que las fuerzas y los procesos sociales siempre e inevitablemente se despliegan de maneras marcadamente diferentes en diferentes lugares”26 (Arias, 2010, p. 39). En Cali, las comunas y las diferencias de barrios marcan y definen quién se relaciona con quién, los tipos de interacciones y comunicación entre las personas, y las diferentes formas de mirar y comportarse.

Significados de comunidad

Porter (2003) (citada en Kaufman y Williams, 2010, p. 103) considera que la comunidad es esencial para las experiencias de identidad en los escenarios políticos, económicos, culturales y sociales. En el caso de Elena y Francelina, sus espacios culturales también están impregnados de luchas políticas con temas de identidad, cultura y derechos de las víctimas, pero están firmemente arraigados en comunidades muy específicas: principalmente mujeres afrocolombianas de la región del Pacífico. Por lo tanto, para Elena y Francelina, Cali se convirtió en ‘hogar’ una vez se unieron con quienes llaman ‘su gente’. En su caso, esto significa personas con las que comparten similitudes, como origen geográfico, etnia y género.

Elena localiza su comunidad en el Distrito de Aguablanca, un distrito que reúne las comunas 13, 14 y 15 y cuya población proviene principalmente de otros departamentos (67% del total de sus habitantes) como Chocó, Cauca y Nariño, así como de otras ciudades en Valle del Cauca (Red de Salud del Oriente, 2011). La comunidad de Francelina también se encuentra allí, además ella trabaja en los barrios Santa Helena, Terrón Colorado y otros barrios de la comuna 21. Así es como Elena identifica su comunidad,

Mi comunidad yo la siento en el Oriente de Cali, en el Distrito de Aguablanca porque aquí está mi gente. Aquí está mi gente que nos entendemos, hablamos el mismo lenguaje, tenemos casi las mismas costumbres, nos entendemos, entonces por eso me siento aquí en comunidad (Elena Hinestroza, comunicación personal, 2016).

Las comunidades culturales que ambas mujeres han construido representan los vínculos entre lugares a través del tiempo. Elena es la fundadora del grupo de música Integración Pacífica, mientras que el liderazgo de Francelina está en la organización ASIMUCAHO y en la Escuela Ser Quien Soy. En consecuencia, las comunidades que han creado son principalmente comunidades culturales donde las prácticas tradicionales relacionadas con su región estructuran las actividades de los grupos que dirigen. Establecen e incorporan proyectos culturales, socioeconómicos y políticos como comunidades afrocolombianas dentro del ámbito de la ciudad; “Es por eso que la defensa del territorio como hábitat cultural convierte a este movimiento en una política de lugar” 27(Grueso y Arroyo, 2005, p. 104).

Por otro lado, los roles de liderazgo que ambas mujeres desempeñaban mientras vivían en sus antiguos territorios están estrechamente vinculados a los estereotipos de género donde, como mujeres, “a menudo se les imputa el deber de transmitir la cultura dentro del dominio doméstico y simboliza la identidad grupal y la respetabilidad en una arena más amplia”28 (Peake y Trotz, 1999, p. 5). Sin embargo, ambas han adoptado la tarea de preservar y transmitir su patrimonio cultural y sus identidades, y ambas lo definen a través de las intersecciones de ser afrocolombianas, ser mujer y proceder de territorios específicos. Si bien estas definiciones se pueden ver como esencializadas, también tienen raíces sociohistóricas profundas de experiencias compartidas de exclusión, marginación y violencia.

En el caso de Erlendy y Eloísa, sus comunidades en sus antiguos territorios, en Buenaventura, se dieron por sentadas. Sin embargo, una vez que se ven obligadas a abandonar el puerto, esta conciencia del tejido social comienza a tener sentido precisamente por la falta de él en el nuevo contexto.

Hoy en día, los lazos que Erlendy y Eloísa establecen son con personas con las que tienen una experiencia común de desplazamiento, identidad y un entorno geográfico similar. Es por eso por lo que, entre los barrios, las comunas, la región o el país, las comunidades que Erlendy y Eloísa han construido están determinadas por problemas de injusticia, violencia y victimización. Por lo tanto, estas son comunidades políticas, más que comunidades culturales.

Llano Verde era como estar en Buenaventura en ese momento. En Llano Verde, podía tener una relación con la gente; marcó mi vida, es mi pequeña Buenaventura. Mi comunidad aquí en Cali está en Llano Verde (Erlendy Cuero, comunicación personal, 2016).

Es importante mencionar que, aunque Erlendy y Eloísa lideran organizaciones de mujeres, también dirigen grupos mixtos donde plantean problemas sociales. El activismo de las mujeres promueve la conexión entre las personas y entre los grupos comunitarios más amplios en Cali y, en el caso de Erlendy, el activismo también está relacionado con otras regiones del país. Por lo anterior, Eloísa resalta,

Mi comunidad no la había, yo la reclamé. Abrí ese Comité Afro en la Comuna 10, porque como no tengo una casa específica aquí en la comuna (pero tengo la intención de vivir aquí mientras viva en Cali), entonces no es conveniente para mí estar en un solo comité barrial. Quiero seguir sirviendo, trabajando con la comunidad; así que estar en un solo barrio me limita. Por eso me abro a la comuna (Eloísa Montaño, comunicación personal, 2016).

Este contexto y estas comunidades permiten la emancipación y el empoderamiento de Erlendy y Eloísa. AFRODES, que es la organización de Erlendy, interconecta los problemas de raza y desplazamiento a nivel nacional. Las iniciativas de Eloísa están relacionadas con la lucha por el reconocimiento de los espacios físicos y políticos para los afrocolombianos del Pacífico en Cali, donde se desconoce la importancia y las contribuciones de esta población. El activismo de las lideresas refleja cómo “tales identidades se forjan a partir de múltiples regímenes discursivos que se cruzan en organizaciones que ‘no son discursivamente monolíticas, sino pluralistas y polifónicas’” 29(Ford, 1999, citado en Brown y Humphreys, 2006, p. 234).

A diferencia de las mujeres anteriores, lo que hace que Elsy se sienta emplazada es su comunidad personal o más bien familiar. La maternidad no es central en todas las experiencias de las mujeres, pero es fundamental para Elsy en términos de darle forma a su familia y a su comunidad económica. En otras palabras, en la experiencia de Elsy “es posible [...] interpretar que [esta] le permite no solo repetir [sus] roles tradicionales sino también interrumpir la lógica esperada: cumplir roles tradicionales en crisis y / o de formas no tradicionales [que] conducen a redefiniciones de esas posiciones”30 (Peake y Trotz, 1999, p. 172).

Callaway (1986) señala que las mujeres tienden a poner “a otros, sus hijos, maridos y comunidad, por delante de ellas mismas”31 (citada en Kaufman y Williams 2010, p. 61). Esto se refleja en las elecciones que hizo Elsy desde muy temprana edad, el hecho de que ella estuvo dispuesta a continuar estudiando en Guapi (a pesar de vivir en una situación de violencia) con el propósito de crear un modelo que sus hermanos menores pudieran imitar. También explica por qué para Elsy, su experiencia de desplazamiento le significó resultados positivos y negativos. Sabiendo que el vínculo de su familia es la estructura principal de sus elecciones de vida, ella representa el desplazamiento como el evento que contribuyó a fortalecer ese vínculo:

El beneficio es que siempre he estado con mis hermanos y mis padres, todos estábamos juntos. Si no nos mudamos, nos habríamos separado hace mucho tiempo y no tendríamos la relación que tenemos ahora (Elsy Mancilla, comunicación personal, 2016).

El sustento emocional de Elsy proviene de su familia, mientras que su sustento material proviene de su unidad artística y artesanal que le permite ser parte de Entramados y la Fundación de Empresarios y Artesanos Afropacífico. Su membresía en estos grupos podría considerarse una “‘economía de comunidad’ como un espacio ético y político en el cual desarrollarse. En este espacio común, los sujetos individuales y colectivos negocian cuestiones de subsistencia e interdependencia y (re) construirse en el proceso”32 (Gibson y Graham, 2005, p. 133).

Como resultado de su experiencia de desplazamiento, las cinco mujeres pusieron en juego su sistema de “redes enraizadas”33 (Rochelau, 2005, citada en Harcourt y Escobar, 2005, p. 12) en sus antiguos territorios. Una vez en Cali, y para restablecer los enlaces o construir redes similares, tienen que crear “raíces múltiples y móviles” 34(Rochelau, 2005, citada en Harcourt y Escobar, 2005, p. 12) que funcionan como enlaces de solidaridad y también les dan un sentido de identidad colectiva. Esta identidad colectiva, como lo explica Jasper (1998) “no es simplemente el dibujo de un límite cognitivo; más que nada, es una emoción, un afecto positivo hacia otros miembros del grupo sobre la base de esa membresía común”35 (citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 27).

Entonces sus comunidades ya no están limitadas por “los límites entre lo personal y lo político, lo privado y lo público [pero son fluidos y permiten a las mujeres] moverse de diversas maneras, a menudo desafiando los roles normativos de género”36 (Farah, 2005, p. 211). Roles que en sus territorios anteriores eran principalmente de cuidadoras, maestras o con trabajos limitados por sus obligaciones en los hogares, mientras que en Cali este cambio les permitió crear y dirigir sus propias comunidades para abordar temas de identidad, injusticia y desigualdad.

Las mujeres no solo crearon una comunidad, sino que también la representan, por lo tanto, sus inquietudes no son solo sobre la justicia económica y social, sino también sobre las identidades, y sobre ser reconocidas en sus propios términos.

Significados de empoderamiento

Una vez que Elena y Francelina se alejaron de los territorios, el hecho de ser afrocolombianas adquirió una nueva importancia, y hoy en día basan su activismo en la preservación de las especificidades de la identidad y el patrimonio cultural afrocolombianos. Poder hacer esto es un fuerte elemento de su sentido de empoderamiento. Eso refleja por qué, en términos de liderazgo para Elena y Francelina, el desplazamiento no constituyó un punto de quiebre. La diferencia fue con respecto a la etnicidad, ya que su activismo rural “[no] incluyó reclamos para afirmar los derechos étnicos”37 (Grueso y Arroyo, 2005, p. 111) cómo si ocurre ahora en la ciudad.

En cierto modo “las luchas étnicas y territoriales y la organización han modificado esta dinámica; las mujeres han pasado de participar en la provisión de servicios sociales a la acción y la reflexión por los derechos de las mujeres, y de éstos a los derechos de las comunidades negras”38 (Grueso y Arroyo, 2005, p. 108). Las dos lideresas comunitarias comenzaron a adquirir conocimientos y herramientas, como conocer sus derechos y la ley, entre otros, para ampliar el alcance de las oportunidades para los afrodescendientes desplazados. Es así como para Francelina,

Empoderamiento es apropiarse, estar seguro de qué hacer, tener un puesto dentro de una comunidad. Me hace sentir empoderada trabajar con la comunidad y participar en la academia. El apoyo de la comunidad es importante para mí (Francelina Carabalí, comunicación personal, 2016).

Elena y Francelina ven sus lugares de influencia primero en las comunas donde sienten que pertenecen a sus comunidades, pero también en lugares más ‘formales’ como la Mesa Municipal de Víctimas, el Video Reconciliación, el Comité de Mujeres Víctimas de Violencia Sexual e Integridad Física y la Universidad Javeriana, espacios en los que son reconocidas precisamente porque gracias a su comunidad han logrado el reconocimiento social. El hecho de que las dos mujeres sean lideresas se relaciona con tener un reconocimiento dentro de sus propias comunidades. Por lo tanto, no se trata solo de conocimiento, sino también de ser reconocidas por las múltiples luchas que enfrentan las mujeres: por un lado, enfrentando las consecuencias del conflicto armado en los territorios, por otro, lidiando con la pobreza, el racismo y la discriminación de género, y presencia de pandillas en los barrios de la ciudad.

El patrimonio cultural y las emociones “no solo inspiran y sostienen el activismo, sino que [...] pueden dar forma a las formas de organización y tácticas de movimiento preferidas por los individuos”39 (Jasper, 1998, citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 26). Así, en el caso de Elena y Francelina, también dan forma al empoderamiento.

Para Erlendy y Eloísa, el desplazamiento ha generado un despertar en términos de su liderazgo y sus preocupaciones sobre identidades y proyectos de vida. Lubkemann (2016) identifica que “las topografías de oportunidad social resultantes de los movimientos de guerra [...] tienen efectos fijos [...] que pueden potenciar socialmente en algunos aspectos, al mismo tiempo que presentan nuevos desafíos abrumadores que debilitan otros aspectos”40 (p. 17). Por un lado, las mujeres se vieron obligadas a abandonar su territorio donde tienen sus relaciones más queridas con las personas y el medio ambiente, por el otro, salir de esta zona de confort, les permite reescribir sus roles como lideresas en la ciudad ganando reconocimiento y participación en espacios institucionales. Esta situación se refleja claramente en el testimonio de Eloísa,

Para mí estar empoderada es querer, lograr, hacer. En Buenaventura llegó un momento en el que estaba más cómoda que empoderada. Salir de mi casa, dejar mi ciudad, obtener el divorcio a los 50 años no es fácil, tuve que empezar casi desde el principio. Creo que esto es empoderador (Eloísa Montaño, comunicación personal, 2016).

Ambas lideresas comenzaron su activismo a pequeña escala a través de la creación de organizaciones de base. Tan pronto como comenzaron a adquirir conocimiento sobre la ley, al estar familiarizadas con la ciudad y sus habitantes, ampliaron sus redes ganando atención. Esta situación hizo que las mujeres tomaran conciencia de las implicaciones de ser lideresas en las comunidades, que no se trata de logros personales, sino de objetivos comunitarios. Erlendy y Eloísa “no han asumido su liderazgo desde una perspectiva de género, o con el género como lucha fundamental, sino sobre la base de un principio cultural más amplio, el de la construcción de una sociedad que abarque a mujeres y hombres” 41(Grueso y Arroyo, 2005, p. 107).

Una forma de entender el tipo de liderazgo de Erlendy y Eloísa es el concepto de ‘malla’ presentado por Harcourt y Escobar que describe grupos basados en un lugar que participan en “redes verticales y horizontales dinámicas, conectando entre ellos y con otros en lugares lejanos y cercanos, a través de divisiones culturales, políticas, raciales y étnicas”42 (Grueso y Arroyo, 2005, p. 14). Este compromiso “es el punto de partida más común para las mujeres que participan en la vida pública”43 (Kaufman y Williams, 2010, p. 102) a nivel local y conduce a la acción política y empodera a las mujeres “de otra manera imposible en esta sociedad tradicional”44 (p. 65). Por lo tanto, es posible categorizar sus organizaciones como “sitios de lucha donde diferentes grupos compiten para dar forma [...] a la realidad social [...] de maneras que sirven a sus propios intereses”45 (Mumby y Clair, 1997, citados en Brown y Humphreys, 2006, p. 234).

Independientemente de sus motivaciones, ambas mujeres a fin de establecer un escenario más justo para las personas afrocolombianas desplazadas toman medidas una vez que el conflicto las toca directamente (Kaufman y Williams, 2010, p. 62) al presentar “tipos específicos de narraciones para participar, ganar poder político y agencia”46 (p. 4).

Por otro lado, el empoderamiento de Elsy está motivado y nutrido por su sentido de la maternidad y la familia. En este sentido, la maternidad podría verse “tanto [como un] recurso y [un] límite, ya que amplía las posibilidades y reinscribe la jerarquía”47 (Peake y Trotz, 1999, p. 84). Como madre soltera, Elsy se vio obligada a encontrar una forma de salir del desempleo y generar ingresos, pero encontró en esta lucha la oportunidad de comenzar su propio negocio mientras consideraba incluir a sus hermanos para alcanzar sus esperanzas de un futuro mejor para su familia.

El crecimiento personal de esta mujer tiene muchas implicaciones de género debido al rol que elige seguir dentro de su familia y los grupos que integra. Como una mujer afrocolombiana que vive en un barrio de estrato 1, sus posibilidades de obtener un empleo formal se reducen a puestos técnicos (si ha recibido capacitación), servicio doméstico o actividades manuales. Como respuesta a estas limitaciones, Elsy aprovecha su conocimiento anterior para proporcionarse medios económicos que, de otro modo, le habrían sido negados. Como Kaufman y Williams (2010) señalan, Elsy está “abrazando [su] esencialismo de género”48 (p. 6) para expresar su agencia.

Elsy ha encontrado la manera de fortalecerse, aprovechando cada oportunidad que le ofrece el contexto para mejorar sus habilidades, está viajando por el camino de la resiliencia. Una noción explicada por Andrew Cumbers, Helms Gesa y Kate Swanson (2010) “describe esos ‘pequeños actos’ de salir adelante, encontrar nuevas formas y maneras creativas de sobrevivir, traer recursos a un hogar cuando las formas tradicionales o existentes de ‘ganarse la vida’ se han evaporado”49 (p. 60). Entonces, aunque “la resiliencia no conduce necesariamente a una acción que desafíe el poder hegemónico [...] se trata del ‘intento de recalibrar las relaciones de poder y los recursos redistributivos’”50 (Katz, 2004, citada en Cumbers et al., 2010, p. 60). Así es como Elsy ha entendido los mecanismos a través de los cuales puede acceder a lugares donde puede establecer su unidad productiva en el momento en que adquiere reconocimiento y toma el control de su proyecto de vida.

La diferencia es precisamente lo que distingue a estas cinco mujeres de la noción estereotipada de ‘víctima’ o ‘persona desplazada’. Esto se debe a que “ilustran las formas en que las mujeres se unen para satisfacer las necesidades creadas por el conflicto, llenando un vacío y empoderándolas al mismo tiempo”51 (Kaufman y Williams, 2010, p. 64). Si las mujeres se sintieron víctimas del desplazamiento al comienzo de su llegada a Cali, han superado esta etiqueta y ya no se sienten ‘víctimas’, han tomado una decisión para apropiarse de este nuevo espacio en Cali “para negociar por sus derechos o como un punto focal para reunir fragmentos [de su cultura afrocolombiana] y restablecer su vida social, política y económica en el exilio”52 (Farah, 2005, p. 211).

Como ha sido expresado anteriormente, “el yo es el espacio donde intentamos alinear nuestra política con nuestras emociones, donde damos sentido al por qué sentimos de ciertas maneras, y dónde tenemos que entender la opresión internalizada, para resistirnos a alinearnos con las conductas opresivas existentes en la sociedad”53 (King, 2005, citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 31). No es solo el yo como individuo, sino que se extiende a una comunidad, ingresa al ámbito público y se convierte en actor político. A través de sus organizaciones u otros espacios comunitarios urbanos, las mujeres desarrollan un tipo de activismo que ejerce presión sobre las estructuras políticas formales (Kaufman y Williams, 2010, p. 58) o crea condiciones para la autoorganización dentro de los vecindarios. Así es como obtienen reconocimiento dentro y fuera de sus organizaciones, abriendo nuevos espacios en entornos institucionales o culturales donde, como lideresas, exponen y abogan por las preocupaciones de las comunidades que representan.

Las cinco mujeres definen ‘empoderamiento’ en términos de ser o convertirse en alguien de la nada; como la capacidad de imaginar un proyecto de vida y trabajar para él. Consideran el empoderamiento como un proceso que las involucra a ellas y a sus comunidades. Las mujeres han asumido el liderazgo como nuevas formas de remodelar sus propias identidades comunitarias y roles sociales.

Conclusiones

A través de este estudio, quise entender cómo las mujeres afrocolombianas desplazadas narran y dan significados al lugar/espacio a través de su relación con la construcción de la comunidad y el empoderamiento. En una primera etapa, argumenté que el lugar/espacio está configurado por elementos sociales y simbólicos que dieron forma a las experiencias de vida de las mujeres a través del tiempo.

El marco del acuerdo de paz ha limitado el significado de la tierra que las mujeres dejaron en los territorios, a uno físico. Las cinco mujeres han redefinido el lugar/espacio y la pertenencia de manera totalmente diferente a la del gobierno colombiano, y por eso no van a regresar. A pesar de que los sentimientos de nostalgia siguen presentes, no regresan a las áreas rurales debido a los vínculos físicos, sociales y simbólicos que han construido en la ciudad. En la perspectiva de las mujeres, se hace referencia al lugar dejado atrás como el que evoca recuerdos de la infancia, la abundancia de alimentos, una vida cotidiana anclada a la naturaleza, las tradiciones como el canto, la danza, la poesía y los rituales, las diferencias étnicas e identidades. Pero también significa experiencias de violencia, abandono estatal y en un pequeño territorio de movilidad limitada y salida y acceso difíciles. Los significados sociales de estos territorios están imbuidos tanto por las prácticas violentas de la guerra como por las relaciones familiares, con los vecinos y con las comunidades que los habitan. Es un lugar donde los lazos de apoyo son inherentes a las formas de ser, pero que también se marcan por las experiencias de violencia.

Cali es un lugar de lucha, pero también de oportunidades. Las mujeres llegaron a la ciudad en calidad de 'víctimas' y debido a las oportunidades que el nuevo lugar les ofrece, encuentran la forma de deshacerse de esa etiqueta, y ahora son lideresas en sus comunidades. Cali es vista como un lugar de puertas abiertas, donde las mujeres pueden imaginar y hacer posibles sus proyectos de vida, pero también significa pobreza, inseguridad (en términos de pandillas, tasas de robo y tráfico de drogas) y falta de reconocimiento. Según las cinco mujeres, Cali es un lugar que les ha permitido expandir su conocimiento (con respecto a sus derechos y procesos institucionales), ser parte de espacios institucionales y tener reconocimiento por su trabajo comunitario. En cuanto a los vínculos sociales, las mujeres han creado comunidades muy similares a las que dejaron atrás, lo que significa que sus miembros son principalmente afrocolombianos/afrocolombianas, algunos/algunas de ellos/ellas desplazados/desplazadas. Pero crean estas comunidades con diferentes motivaciones, algunas para preservar el patrimonio cultural, otras para luchar por la justicia social y política.

Ciertamente, los roles que las mujeres tenían con respecto al género y etnia/raza en los territorios rurales cambiaron una vez que las mujeres se mudaron a la ciudad. Primero, sus roles de género en las áreas rurales estaban vinculados con el cuidado del hogar y los niños como una primera tarea, y en segundo lugar la resolución de problemas comunitarios que les permitieran mejorar la calidad de vida de la mayoría. En la ciudad, las mujeres tienen que lidiar con las responsabilidades del hogar, pero no como su tarea principal. A veces deben negociar con sus familias su papel adquirido como lideresas, y como resultado, a menudo los miembros de la familia también se involucran en el trabajo comunitario. En cuanto a la etnicidad, aunque las mujeres en sus territorios disfrutaban de las prácticas tradicionales, se dieron cuenta de su riqueza una vez que llegaron a Cali y encontraron en su diferencia una fuente de conocimiento, activismo y empoderamiento.

Las mujeres entrevistadas han visto críticamente el tema de retorno a los territorios, considerando que el gobierno colombiano no ha podido proteger ni a las comunidades en los territorios rurales ni a los líderes o lideresas que abogan por los derechos de las víctimas en la ciudad. Por lo tanto, volver a los territorios no es visto como una opción por las mujeres. Esto no solo se debe a la desconfianza de las instituciones estatales, sino también a las redes que ya han construido en Cali.

Como observación final, se debe decir que, dado el número de participantes en esta investigación, los hallazgos no pueden generalizarse como una representación de todas las mujeres afrocolombianas desplazadas. Sin embargo, las historias de vida de estas mujeres pueden ayudar a comprender las luchas por la representación, los reclamos por la justicia social, la influencia y la participación que motivaron a las mujeres a sostener su trabajo comunitario. Todo esto está relacionado con la comprensión del lugar por parte de las mujeres como algo simultáneamente simbólico, social y físico, integrado y producido a través de prácticas específicas -violentas, desafiantes, pero también fortalecedoras, colectivas e individuales- en las que participan las mujeres. El objetivo de esta investigación es elevar las voces de estas actrices sociales, cuyas perspectivas no se articulan dentro de las políticas del Estado colombiano.

Fuentes primarias

Entrevista a Francelina Carabalí Torres, representante legal ASIMUCAHO y miembro de la Escuela “Ser quien Soy”, 2016.

Entrevista a Elena Hinestroza Venté, representante legal de Integración Pacífica y miembro de la Casa Cultual El Chontaduro, 2016.

Entrevista a Erlendy Cuero Bravo, representante legal de AFRODES Cali, 2016.

Entrevista a Eloísa Montaño Guerrero, miembro del Comité Afro de la Comuna 10 y dueña de Escencia Negra (confecciones), 2016.

Entrevista a Elssy Mancilla Paz, miembro de la Asociación de Artesanos y dueña de Afrotejidos (accesorios y marroquinería), 2016.

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Para ampliar la información, véase la tesis de maestría titulada “Gendered meanings of place/space, community and empowerment. Experiences of Afro-Colombian displaced women from the Pacific Region, Colombia”, disponible en https://thesis.eur.nl/pub/41714.
Traducción propia del original: “to use [their] capacity in one way or another, to be an agent rather than a passive being, a victim […] [they] will try to influence the course of events as much as possible, rather than sit back and suffer changes” (Eduards, 1994, citado en Kaufman y Williams, 2010, p. 64).
En términos de Grueso y Arroyo (2005), el territorio no es solo una propiedad poseída, sino que “es visto como construido por las comunidades sobre la base de los ‘espacios de uso’ de los ecosistemas que sostienen el proyecto de vida de la comunidad. El territorio es el espacio donde la matriz social se teje generación tras generación, vinculando pasado, presente y futuro en una relación cercana con el entorno natural” (p. 102).
Traducción propia del original: “may result in new opportunities for empowerment in or liberation from suppressive social hierarchies” (Bjarnesen y Vigh, 2016, p. 12).
Traducción propia del original: “the image of women as homogeneous and victimised was productive of the ‘Third World Woman’ as a fragile category in a discursive framework in which ‘Western feminism’ could be seen as the only side of agency and critical femininity” (Talpade, 1991, citada en Peake y Trotz, 1999, p. 2).
Traducción propia del original: “overlapping lines of connection than parallel points of departure” (Drummond, 1980, citado en Peake y Trotz, 1999, p. 93).
Traducción propia del original: “can mutually strengthen or weaken each other” (Crenshaw, 1989, citada en Winker y Degele, 2011, p. 51)
Traducción propia del original: “are works of history as much as they are about individuals, the social spaces they inhabit, and the societies they live in” (Riessman, 2014, p. 4).
Traducción propia del original: “narrators can position themselves as agentic beings that assume control over events and actions […] they can shift among positions, giving themselves agentic roles in certain scenes and passive roles in others” (Riessman, 2014, p. 11).
Traducción propia del original: “from the data [where] a topology of narratives organised by theme is the typical representational strategy” (Riessman, 2005, p. 2).
Traducción propia del original: “finding common thematic elements across re-search participants and the events they report” (Riessman, 2005, p. 3)
Traducción propia del original: “mean[s] both the site of subsistence, the site of cultural, ancestral and kinship relations, and the site of security and affirmation and renewal” (Kothari, 2004, citada en Harcourt y Escobar, 2005, p. 115).
La Escuela de Identidad Cultural Ser Quien Soy es una escuela itinerante que se ocupa del fortalecimiento y la promoción de las prácticas culturales típicas del Pacífico colombiano. Sus miembros son en su mayoría afrocolombianos de todas las edades que utilizan el espacio como uno en el que pueden conocer su patrimonio cultural.
Traducción propia del original: “places are marked by memories of death, destruction or fighting as they can be haunted by images of horror and destruction, but the memories of group rituals, local myths or collective moments of encounter inhabit these places as well” (Riaño-Alcalá, 2002, p. 277).
Traducción propia del original: “(re)constitute conceptions, embodiments, and inhabitations of space” (Jansen y Löfving, 2007, p. 6).
Traducción propia del original: “a concern to find or establish secure places that may serve as bases for developing a future” (Jansen y Löfving, 2007, p. 11).
Traducción propia del original: “‘home’ emerges here through both political and social histories of inclusion and exclusion and is thus not only about place but also about the people through whom we ‘feel-at-home’” (Jansen y Löfving, 2007, p. 6).
Traducción propia del original: “women are associated with place not because they are homebased or placebound, but because their inaugural and continuing role in shaping a new politics” (Gibson y Graham, 2005, p. 131).
Traducción propia del original: “within the margins of social power – in spaces where the reach of powerful agents and forces is incomplete. Whether these spaces are households, neighbourhoods, workplaces, communities or the boundaries between them, social movements are relatively (but only relatively) uninhibited in the margins. It is in the margins that they can work to create spaces for resistance” (Steinberg, S.f., citado en Staeheli, 1994, p. 390).
Traducción propia del original: “memories of terror are imprinted in places, and feelings of fear have radically transformed the relationships of people and places” (Riaño-Alcalá, 2002, p. 299).
Traducción propia del original: “Security denotes a set of rules that a person masters, familiarity ‘a space where one possesses maximal spatial knowledge’, and community ‘a space where one possesses a maximal communicative power’. ‘Sense of possibility’ [defines] ‘home’ as a social and physical shelter and attaches to it the opportunities for change, improvement, and the unexpected – that is, room for dreaming and imagining” (Jansen y Löfving, 2007, p. 10).
Traducción propia del original: “women are confronting the difficulties of translating their effort into social power that is necessary to extend their struggle into other spaces and scales” (Staeheli, 1994, p. 390).
Traducción propia del original: “rearticulate bodies and places; as they reinhabit their bodies and struggle with and over places” (Harcourt y Escobar, 2005, p. 8)
Traducción propia del original: “the space both reflects and in turn affects the constitution of social relations, that social forces and processes always and inevitably unfold in markedly different ways in different places” (Arias, 2010, p. 39).
Traducción propia del original: “This is why the defence of the territory as a cultural habitat renders this movement into a politics of place” (Grueso y Arroyo, 2005, p. 104).
Traducción propia del original: “often charged with the duty of transmitting culture within the domestic domain and symbolising group identity and respectability in the wider arena” (Peake y Trotz, 1999, p. 5).
Traducción propia del original: “such identities are forged from multiple discursive regimes that intersect in organisations which ‘are not discursively monolithic, but pluralistic and polyphonic’” (Ford, 1999, citado en Brown y Humphreys, 2006, p. 234).
Traducción propia del original: “is possible to read […] as enabling [her] not only to repeat [her] traditional roles but equally to disrupt the expected logic: fulfilling traditional roles under crisis and/or in non-traditional ways [that] lead to redefinitions of those positionalities” (Peake y Trotz, 1999, p. 172).
Traducción propia del original: “others – their children, husbands, and community – ahead of themselves” (Callaway 1986, citada en Kaufman y Williams 2010, p. 61).
Traducción propia del original: “‘community economy’ as an ethical and political space of becoming. In this communal space individual and collective subjects negotiate questions of livelihood and interdependence and (re)construct themselves in the process” (Gibson y Graham, 2005, p. 133).
Traducción propia del original: “rooted networks” (Rochelau, 2005, citada en Harcourt y Escobar, 2005, p. 12). Traducción propia del original: “multiple and movable roots” (Rochelau, 2005, citada en Harcourt y Escobar, 2005, p. 12).
Traducción propia del original: “is not simply the drawing of a cognitive boundary; most of all, it is an emotion, a positive affect towards other group members on the grounds of that common membership” (Jasper, 1998, citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 27).
Traducción propia del original: “the boundaries between the personal and political, the private and the public domains [but are fluid and allow women] to move between these in various ways, often challenging normative gender roles” (Farah, 2005, p. 211).
Traducción propia del original: “[did] not include claims to assert ethnic rights” (Grueso y Arroyo, 2005, p. 111).
Traducción propia del original: “[did] not include claims to assert ethnic rights” (Grueso y Arroyo, 2005, p. 111).
Traducción propia del original: “the ethnic and territorial struggles and organising have modified this dynamic; women have shifted from participating in social service provision to action and reflection for women’s rights, and from these to the rights of the black communities” (Grueso y Arroyo, 2005, p. 108).
Traducción propia del original: “not only inspire and sustain activism but … they may shape individual’s preferred organisational forms and movement tactics” (Jasper, 1998, citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 26).
Traducción propia del original: “social opportunity topographies resulting from wartime movements […] have fixed effects […] that may be socially empowering in some respects while simultaneously presenting daunting new challenges that are disempowering in other aspects” (Lubkemann, 2016, p. 17).
Traducción propia del original: “have not assumed their leadership from a gender perspective, or with gender as fundamental struggle, but on the basis of a broader cultural principle, that of the construction of a society that encompasses women and men” (Grueso y Arroyo, 2005, p. 107).
Traducción propia del original: “dynamic vertical and horizontal networking, connecting among themselves and with others in places far and near, across cultural, political, racial, and ethnic divides” (Harcourt y Escobar, 2005, p. 14).
Traducción propia del original: “is the most usual starting point for women engaging in public life” (Kaufman y Williams, 2010, p. 102).
Traducción propia del original: “in a way otherwise impossible in this traditional society” (Kaufman y Williams, 2010, p. 65).
Traducción propia del original: “sites of struggle where different groups compete to shape… social reality… in ways that serve their own interests” (Mumby y Clair 1997, citados en Brown y Humphreys, 2006, p. 234).
Traducción propia del original: “types of narratives to engage in, gain political power and agency” (Kaufman y Williams, 2010, p. 4).
Traducción propia del original: “both [as a] resource and [a] limit, as it extends possibilities and reinscribes hierarchy” (Peake y Trotz, 1999, p. 84).
Traducción propia del original: “embrac[ing] [her] gender essentialism” (Kaufman y Williams, 2010: 6).
Traducción propia del original: “describe those ‘small acts’ of getting by, finding new ways and creative ways of surviving, bringing resources into a household when traditional or existing ways of ‘making a living’ have evaporated” (Cumbers, Gesa y Swanson, 2010, p. 60).
Traducción propia del original: although “resilience does not necessarily lead to action that challenges hegemonic power (…) it is about the ‘attempt to recalibrate power relations and redistributive resources’” (Katz, 2004, citada en Cumbers et al., 2010, p. 60).
Traducción propia del original: “illustrate the ways in which women joined together to meet the needs created by the conflict, filling a vacuum and empowering them at the same time” (Kaufman y Williams, 2010, p. 64).
Traducción propia del original: “to negotiate for their rights or as a focal point to gather [Afro-Colombian] fragments and reestablish their social, political, and economic lives in exile” (Farah, 2005, p. 211).
Traducción propia del original: “the self is the space where we attempt to align our politics with our emotions, where we make sense of why we feel certain ways, and where we need to understand internalised oppression, in order to resist aligning with existing oppressive behaviours in society” (King, 2005, citado en Brown y Pickerill, 2009, p. 31).